A mi madre

No quiero ser tierra sin alma,

porque a veces la sordera es peor que la misma muerte.

Desnortada miro al cielo y me agoto entre las extrañas figuras

como interminables legiones en el firmamento.

Y a ti te digo:

no permitas esa muerte en el corazón, pudiera ser tan horrible como lo es la vida en una sombra;

olvida hasta tu imagen

donde la física grandeza anula hasta tu figura y tus recuerdos,Entes de ropajes blancos,donde no existe ni el miedo.

La soledad clama frente a un montón de palabras en agonía,cabildeando una sociedad sin límite.

Y no quiero ser una tierra sin alma

Miraré cara a cara al frio eterno del clamor, de mi sangre coagulada,seca, de los gritos en mi garganta inerte.

No quiero ver un cementerio de voces olvidadas,ni mediocres poemas en un centón de palabras.

Recobraré la  fuerza,ahora postrada, comprendiendo el amor y la guerra en su extraña semejanza.

Quiero ganar astutamente a mi cuerpo y ordenar mi mundo,embelleciendo los sentidos,

cediendo prudentemente al salto del delfín en las infinitas aguas azules.

Nace un vago aliento ascendiente del mar,frenado en la orilla de la arena,en su ola natural,donde no es capaz de desvanecer tu nombre.

No quiero ser una tierra sin alma.

 

 

 

 

 

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